“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” - Colosenses 3:23
En el corazón del liderazgo cristiano se encuentra un principio fundamental: la importancia de desarrollar a los demás. Jesús mismo dedicó su ministerio a empoderar a sus discípulos, preparándolos para que continuaran su obra. La mentoría no solo es un acto de generosidad, sino también una responsabilidad que cada creyente debe asumir.
Desarrollar a los demás implica invertir tiempo, recursos y amor en la vida de quienes nos rodean. Ya sea en la iglesia, en el hogar o en el lugar de trabajo, cada interacción es una oportunidad para influir positivamente en la vida de alguien. Este proceso no solo beneficia al que recibe la guía, sino que también enriquece al mentor, creando un ciclo de crecimiento mutuo.
La Biblia nos muestra numerosos ejemplos de relaciones de mentoría. Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Pablo y Timoteo son solo algunos de los muchos casos en los que la inversión en otros condujo a resultados significativos. Este legado de desarrollo continúa hoy, y cada uno de nosotros está llamado a ser un agente de cambio en la vida de otros.
APLICACIÓN PRÁCTICA
a. Identifica a alguien que necesite tu guía: Este puede ser un joven en tu iglesia, un nuevo creyente o un colega en el trabajo. Tómate un momento para orar y pedir dirección sobre a quién puedes ayudar.
b. Establece un tiempo regular para reunirte: Ya sea semanal o quincenalmente, asegúrate de que ambos tengan un espacio en sus agendas para este desarrollo mutuo. Estas reuniones pueden incluir oración, estudio bíblico o simplemente compartir experiencias de vida.
c. Escucha activamente: A menudo, las personas solo necesitan ser escuchadas. Ofrece un espacio seguro donde puedan compartir sus luchas y sueños. Tu papel es ser un guía, no un juez.
ORACIÓN
Señor, te agradezco por los dones y talentos que has puesto en mí. Te pido que me des sabiduría y discernimiento para desarrollar a los demás a mi alrededor. Ayúdame a ser un mentor amoroso y paciente, y a ver en cada persona el potencial que Tú has depositado en ella. Que mis acciones reflejen Tu amor y que, a través de mí, otros puedan conocer más de Ti. Amén.
RECOMENDACIÓN FINAL
No subestimes el poder de tu influencia. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de tocar vidas y dejar un legado duradero. El desarrollo de otros no es solo un llamado, sino un privilegio. Así que, sal y comienza a invertir en aquellos que Dios ha puesto en tu camino. Recuerda, al hacerlo, estás cumpliendo con el mandamiento de amar a tu prójimo como a ti mismo y, al mismo tiempo, estás cumpliendo la Gran Comisión de hacer discípulos. ¡Que Dios te bendiga en esta noble tarea!
